Home Nuestra Comarca
comarca

La comarca histórico geográfica de los Montes deToledo

E-mail Imprimir PDF

La zona oriental de la cordillera y sus prolongaciones desde el punto de vista geológico, delimitada por la influencia toledana, tomó el nombre de Montes de Toledo a partir de la compra que hizo la ciudad al Rey Fernando III en 4 de enero de 1246. Estas tierras habían sido colonizadas por grupos de mozárabes, castellanos y leoneses además de otras gentes libres de distintas procedencias credos y condición que vivieron sin rey ni señor, a los que la historia oficial denominó "golfines". Ambos grupos de colonizadores, unos acogidos al realengo y los que habían ocupado los yermos y tierras de nadie, llegaron a grandes enfrentamientos durante siglos en todos los poblados, caminos y puertos a lo largo de la cordillera, desde los Yébenes al puerto de Miravete. El derecho a vivir en el territorio monteño y la protección de sus familias y haciendas frente al rechazo de los golfines, hizo que los colonos se organizaran en una hermandad conocida por Hermandad Vieja, dando lugar a la primera organización comunal de la comarca. Las noticias que nos han llegado de los golfines cuentan que se dedicaron al pillaje y al saqueo, en definitiva son el precedente al bandolerismo en los Montes. Frente a ellos, las aldeas se unieron en la organización mencionada, que estableció la primera división territorial monteña en siete cuadrillas o territorios menores, en ellas se incluyeron: Los Yébenes de Toledo, Marjaliza, Retuerta con El Molinillo, Navas de Estena, Alcoba, Arroba, Fontanarejo, Horcajo de los Montes, Navalpino, Navalucillos de Toledo, Navalmoral de Toledo, Navahermosa, Hontanar, San pablo de los Montes y las Ventas con Peña Aguilera. LAs siete cuadrillas de la hermandad vieja sirvieron para organizar la administración civil y eclesiástica de la comarca.

En el Siglo XVI su población era de unos diez mil habitantes que, al parecer, permaneció sin muchas variaciones hasta el siglo XVIII en que se nota un pequeño aumento hasta doce mil, para subir en el siglo XIX a los 14.800, siendo la población de la zona histórica de 25.400 habitantes.

Desde el siglo XIII fecha en que se originó el Señorío Municipal de los Propios y Montes de la ciudad de Toledo con los dieciséis pueblos mencionados que perduró hasta el siglo pasado, la relación de los monteños con le Ayuntamiento de Toledo fue de hostilidad permanente, acrecentada en los siglos XV y XVI por los abusos de la ciudad que se trataron de corregir con la Concordia de 1588 en la que se reconocían algunos derechos de los monteños, pero que tampoco supuso ningún adelanto en la relación puesto que fue repetidamente denunciada por las sucesivas transgresiones y agravios que recibían los vecinos de los Montes de los representantes toledanos.

La ciudad creó un juez especial para administrar la justicia en el territorio , conocido como Fiel de Juzgado, cargo que ocupaba un regidor toledano que recorría el territorio para oír las quejas de los monteños y resolver conflictos legales.

Para cuidar los recursos naturales de la comarca, de los que dependía en gran parte el abastecimiento de la ciudad y era fuente de ingresos para los monteños, se organizaron las guarderías de los Montes, cuyo guarda mayor residía en Retuerta y otros cuatro en las diferentes cuadrillas.

Pese a la jurisdicción especial del Fiel del Juzgado, los pueblos monteños conseguían llegar a otras instancias superiores de justicia en sus apelaciones. A finales del siglo XVIII se plantearon la segregación de Toledo por influjo de la Ilustración. Después de la Constitución de 1812 se inició un movimiento emancipador que desembocó en el "Manifiesto de 1820", suscrito por todos los pueblos monteños que fue elevado a las Cortes Nacionales. En él se rechazaba el dominio directo de Toledo y consideraban una usurpación de la libertad y un abuso el derecho a imponerles impuestos por la pretendida relación de vasallaje, contra lo que habían protestado durante muchos siglos sus antepasados y solicitaban la abolición del señorío toledano.

El 1 de enero de 1821 las Cortes emitieron informe favorable a la representación popular monteña y les remitieron a los tribunales para hacer valer sus derechos. Entre 1823 y 1837 fueron abolidos los derechos señoriales de Toledo sobre los Montes.

LA MESETA (la Sisla)

La población de la Meseta se fraccionó en una decena de señoríos y jurisdicciones de distinto régimen administrativo. El señorío solariego de mayor entidad fue el de Montalbán que agrupó cinco pueblos en nuestra comarca, siendo el más antiguo el de Orgaz. En total se sitúan en este territorio de campos ondulados, de continuas lomas y de algunos montes los pueblos siguientes: Argés, Cobisa, Burguillos, Ajofrín, Sonseca, Mazarambroz, Orgaz, Layos, Pulgar, Casasbuenas, Polán, Guadamur, Noez, Totanés, Galvez, Cuerva, San Martín de Montalbán, Puebla de Montalbán, Villarejo de Montalbán y Menasalbas, unas veces mencionados como pertenecientes al alfoz toledano, otras como territorio de la Sisla Menor y otras como Meseta de los Montes. Muchos de ellos vinculados a la cordillera tanto por su historia, como por la geografía de su término municipal. La población de la Meseta hoy asciende a unos 37.000 habitantes. La unión de ambas comunidades, la histórica y la del viejo alfoz toledano, con grandes afinidades culturales, conforman el ámbito de la Asociación Cultural de los Montes de Toledo.

 

Los Montes de Toledo. Qué son y qué podemos encontrar

E-mail Imprimir PDF

Damos este nombre a una extensa zona geográfica situada entre los ríos Tajo y Guadiana, en su curso medio, cuya principal característica morfológica son los Montes de Toledo, "islote montañoso que geográficamente tiene individualidad manifiesta".

Presenta un accidentado relieve dispuesto en varias cadenas de sierras y macizos que se cruzan en todas direcciones dando lugar a un intrincado laberinto de montes abruptos, cuyas cumbres las rematan robustos riscos de cuarcitas, los cuales en determinadas zonas dan lugar a vistosas pedrizas, tan singulares en el paisaje monteño. Entre las sierras se asientan terrenos llanos conocidos como rañas que junto con las navas (zonas encharcadas) son otro de los elementos característicos del paisaje monteño.

La comarca se divide en dos vertientes: la del Guadiana, en la que predominan las grandes rañas alternando con espesos montes y la del Tajo donde se encuentran los grandes macizos y las principales alturas. Por el Norte, hacia el Tajo se prolonga el piedemonte de las sierras, extensión conocida como "la Sisla", donde se encuentran diversos montes isla (Noez, Pulgar...). Nuestros ríos benefician a dos cuencas: el Bullaque, Milagro, Estena, Estenilla, Río Frío y otros desembocan en el Guadiana; el Algodor, Guajaraz, Torcón, Cedena, Pusa y otros afluentes menores vierten sus aguas al Tajo. Sobre esta red fluvial se crean una serie de embalses (Torre de Abraham, Torcón I y II, Guajaraz, Pusa...) que se utilizan para el abastecimiento humano y el riego.

Los manantiales no son muy abundantes y, aunque existen algunos de aguas abundantes y medicinales (Baños del Robledillo...), lo normal es que pasen por un periodo de estiaje (se secan en verano).

Una de las curiosidades de nuestra hidrografía son los humedales y pequeñas lagunas llamadas "navazos", que se forman en las rañas y en general, en terrenos planos y poco permeables. Muchos de ellos se abastecen de manantiales y dan lugar a nacimientos de ríos como el Algodor o el Milagro. Otros ocupan pequeñas extensiones lacustres pantanosas o cenagales, verdaderos oasis entre los extensos cantorrles de las rañas que presentan una flora muy peculiar.

Durante la primera mitad del paleozoico los actuales Montes de Toledo estuvieron sumergidos bajo un mar en el que se desarrolló una gran actividad orgánica que aflora hoy, ente pizarras y cuarcitas, con importantes yacimientos paleontológicos donde se pueden encontrar diversas especies de trilobites, graptolitos, crucianas, equinodermos primitivos,... Son de conocido renombre internacional los diferentes yacimientos fosilíferos de esta zona como los del Acebrón o Navas de Estena.

La vegetación que se puede encontrar en los montes varía según se trate de zonas de monte o de raña. En los montes se conservan encinares (Quercus ilex ssp. ilex) en las solanas con alcornoques (Quercus suber) en zonas benignas, cornicabras (Pistacia terebinthus), madroños (Arbutus unedo) y quejigos (Quercus faginea spp. broteroi). Son característicos los inmensos jarales de jara pringosa (Cistus ladanifer) y algunos brezales (Calluna vulgaris y diversas especies de Erica). En las laderas con exposición Norte o en zonas más húmedas como los fondos de los valles, se instalan melojos (Quercus pyrenaica, conocido aquí como roble o rebollo), peonías, y otras especies de apetencias más frescas (Cistus lauirifolius, Sorbus torminalis,...). En zonas muy especiales, protegidas de la desecación y la fuete insolación, se instalan especies vegetales que debieron llegar a estas tierras cuando el clima era más frío y húmedo que el actual y así tenemos poblaciones relictas de tejos (Taxus baccata), abedules (Betula pendula ssp fontqueri), acebos (Ilex aquifolium) o alisos (Alnus glutinosa). Asociados a los enclaves de aguas permanentes como ríos y navazos hay toda una flora muy especial como diversos esfagnos (musgos), plantas carnívoras (Drosera rotundifolia, Pinguicula lusitanica) , brezos (Erica tetralix) o mirto (Myryca gale).

Toda esta cubierta vegetal sirve de refugio a innumerables especies animales, algunas de ellas amenazadas a nivel mundial como es el caso del lince ibérico (Linx pardina), Cigueña negra (Ciconia nigra), Aguila imperial (Aquila adalberti), buitre negro (Aegypius monachus) que viven junto a otras especies de interés como el gato montés (Félix sylvestrys), garduña (Martes foina), gineta (Genetta genetta), aguila real (Aquila chrysaetos), aguila calzada (Hierattus pennatus) o aguila culebrera (Circaetus gallicus). Las especies cinegéticas, tan importantes en la economía de este territorio, son el ciervo (Cervus elaphus), jabalí (Sus scrofa) y corzo (Capreolus capreolus) además de la perdiz (Alectoris rufa), la liebre (Lepus granatensis). Las zonas de raña son lugares apreciados por aves esteparias como la avutarda (Otis tarda) el sisón (Tetrax tetrax), la collaba rubia (Oenanthe hispanica) o el alcaraván (Burhinus oedicnemus).

En los cursos de agua y masas de agua podemos encontrar diversas especies de anfibios como la salamandra (Salamandra salamandra ssp. bejarae) exclusiva de los Montes de Toledo y la Sierra de S. Vicente; tritones (Triturus boscai y Triturus pygmeus ), ranas (Hyla arbora, H meridional y Rana perezi), mamíferos como la nutria (Luta lutra), peces tan singulares como los calandinos (Tropidophoxinellus alburnoides), el jarabugo (Anaecypris hispanica) y otros muchos; tambien aparecen bivalvos como la almeja de río (Unio sp.)

Entre los anfibios y reptiles pedemos encontrar sapos -sapo partero (Alytes cisternasii), sapo de espuelas (Paleobates cultripes), sapo corredor (Bufo calamita)- que, lamentablemente, muchas veces aparecen aplastados por los vehículos. El reptil más amenazado de cabañeros es el galápago europeo (Emys orbicularis). En las zonas de raña, en los arroyos aparece el galápago leproso (Mauremys leprosa). Existen dos lagarto s presentes en la zona el ocelado (Larceta lepida) y el verdinegro (L. schreiberi) que prefiere los sotos de los arroyos de los montes. En las zonas más altas y en las pedrizas podremos encontrar a la lagartija ibérica (Podarcis hispanica) y la colilarga (Psammodromus algirus) que prefiere las zonas más bajas. Uno de los animales más temidos de los Montes es la víbora (Vipera latastei) pero también están presentes toda una serie de inofensivas "culebras" como la de herradura, escalera, bastarda, "de agua"... Otros reptiles "curiosos" son el eslizón ibérico y la salamanquesa que siempre podremos encontrar a la luz de la farolas en las noches de verano.