Como estaba previsto y programado, el sábado 17 de abril transcurrió la excursión de nuestra Asociación Cultural a Pastrana y al impresionante parque Arqueológico de Recópolis. A la hora apuntada, salimos en autobús hacia Pastrana, adonde llegamos a las 11h. Allí nos esperaba una elocuente y locuaz guía turística que nos explicó lo más relevante de la Colegiata (S. XV), de algunos rincones típicos de la ciudad (La Fuente de los cuatro caños, del siglo XVII) y del Palacio Ducal, que conforma un espléndido alero de la popular plaza conocida como “de la Hora”, y en el que cada dependencia, cada rincón evoca la omnipresencia de la díscola Princesa de Éboli y, también, por precisos recuerdos de Santa Teresa.
Recorrer sus calles, estrechas y punteadas por casas blasonadas -Plaza del Deán, la Calle de La Palma y los palacios de la Inquisición y la Sinagoga muy próxima-, supuso un traslado anímico a la Edad Media con resonancias de la Orden de Calatrava. Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Cela, Moratín y la casa en que escribió El sí de las niñas, etc. son recuerdos y evocaciones que encontramos recorriendo estas calles llenas de clásico sabor. Dimos cuenta de la copiosa comida en el patio enclaustrado del antiguo Convento de San Francisco.


Calles de Pastrana Fuente de los Cuatro Caños
El autobús aguardaba a las afueras de la ciudad, y en él nos acomodamos hasta Recópolis, la ciudad visigoda de mayor extensión conservada, de la que sólo está excavada el 10% de su extensión. Está emplazada en una privilegiada meseta sobre una suave hoz del río Tajo. A pesar de que la excavada es una mínima parte de la ciudad, con la ayuda del video proporcionado por el Centro de Interpretación y la ayuda de la guía del parque, más los conjuntos arquitectónicos allí conservados –Palacio, Iglesia, la Puerta monumental, las calles y los edificios comerciales, las casa alineadas, gran parte de la muralla visible y otra parte intuida que rodea la ciudad, nos permiten hacernos la idea de la vida de estos habitantes, y de su especialización laboral, y de sus creencias y de otras muchas variedades socioculturales que marcaron su “modus vivendi” entre los siglos VI y IX. La evolución de todo ello y las transformaciones urbanísticas en siglos posteriores hablan, a partir de la ciudad visigoda, de la “medina andalusí” y de la presencia de los calatravos.

Ciudad de Recópolis
Después, los más atrevidos subimos hasta las venerables ruinas del Castillo de Zorita y disfrutamos de espléndidas vistas.


